
La crisis de Camisea reabre el debate sobre la seguridad energética en Perú y acelera el interés por las renovables
Lunes, 23/03/2026
La reciente interrupción del suministro de gas de Camisea ha vuelto a poner en el centro del debate la fragilidad del sistema energético peruano y la urgencia de diversificar su matriz.
Según advirtió Brendan Oviedo Doyle, socio de DLA Piper, el impacto económico ha sido considerable: “Se ha estimado que el costo de la interrupción del suministro de gas de Camisea asciende a 1,8 puntos porcentuales del PBI de marzo de 2026, lo que equivale aproximadamente a US$ 1.500–1.600 millones”.
La magnitud del impacto resulta aún más llamativa si se considera que la interrupción duró apenas 13 días. Sin embargo, Oviedo Doyle lo explica con claridad: “Contamos con un sistema energético altamente concentrado, poco diversificado y dependiente del exterior, en un país que, paradójicamente, es muy rico en recursos energéticos”.
Alta dependencia de Camisea
El problema estructural radica en la elevada concentración del sistema energético. Actualmente, más del 80% de la oferta interna bruta de energía en Perú proviene de hidrocarburos, pese a que el país es importador neto de estos recursos. Aún más crítico es el caso del gas natural: el 96% del consumo nacional depende del sistema de Camisea, que además abastece cerca del 70% del GLP.
Para Oviedo Doyle, esta situación no responde a limitaciones técnicas, sino a una falta de planificación: “Esta alta concentración y dependencia de una única fuente no responden a limitaciones técnicas, sino a una evidente ausencia de planificación energética”. Y advierte: “Mientras no se corrija esta situación, el país seguirá expuesto a eventos como el ocurrido en las últimas semanas”.
Renovables: un potencial aún subaprovechado
En contraste con esta dependencia, Perú cuenta con un enorme potencial en energías renovables. El país dispone de condiciones privilegiadas para el desarrollo de energía solar —especialmente en el sur, con niveles de radiación entre los más altos del mundo—, así como recursos eólicos competitivos en la costa norte y potencial hidroeléctrico aún no explotado en su totalidad.
Además, tecnologías emergentes como el almacenamiento energético y el hidrógeno verde abren nuevas oportunidades para transformar la matriz energética y reducir la vulnerabilidad ante interrupciones de suministro.
En este sentido, Oviedo Doyle subraya la necesidad de un cambio de rumbo: “Resulta indispensable reducir la dependencia externa y la concentración en una sola fuente, como condición para fortalecer la seguridad energética”. Y añade que esto pasa por “aprovechar plenamente el potencial de las energías renovables y viabilizar su integración, con el objetivo de diversificar la matriz de generación eléctrica y avanzar en la electrificación del transporte y del resto de la economía”.
El impacto del cierre de Camisea: más que una crisis puntual
El episodio reciente no solo ha tenido consecuencias económicas inmediatas, sino que también ha evidenciado riesgos estructurales: volatilidad en precios energéticos, vulnerabilidad industrial y presión sobre los consumidores. Sectores intensivos en energía y generación eléctrica se vieron particularmente afectados, reflejando la falta de resiliencia del sistema.
Más allá del corto plazo, el cierre temporal de Camisea podría marcar un punto de inflexión en la política energética del país, impulsando reformas orientadas a diversificación, descentralización y mayor participación de energías limpias.
Hacia una planificación energética integral
El consenso entre expertos apunta a la necesidad urgente de una planificación energética de largo plazo. En palabras de Oviedo Doyle: “Es urgente iniciar formalmente un proceso de planificación energética que sea público, transparente, inclusivo, participativo y transversal”, apoyándose en iniciativas existentes como PROSEMER, la CMRSE y los lineamientos del Ministerio de Energía y Minas en el marco de la Política Energética Nacional al 2050.
La crisis de Camisea ha dejado en evidencia que la seguridad energética no es solo una cuestión técnica, sino estratégica. En un contexto global de transición energética, Perú enfrenta ahora la oportunidad —y la necesidad— de transformar su sistema hacia uno más diversificado, resiliente y sostenible.
Fuente de la imagen: Minem
Por Andrés Muñoz, CEO de INFOENERGÉTICA




